La producción vitivinícola en Neuquén se ha consolidado con un crecimiento notable en los últimos años. Actualmente, el 75% de la viticultura del sur argentino se encuentra en esta provincia, abarcando aproximadamente 2.000 hectáreas de viñedos. Este fenómeno no solo se basa en el volumen, que representa apenas el 1% de la producción nacional, sino en la construcción de una identidad propia que distingue al vino patagónico de sus contrapartes en Cuyo.
Las condiciones climáticas en la región de San Patricio del Chañar juegan un papel fundamental en la calidad del vino. Con una pluviometría de entre 200 y 300 milímetros anuales, suelos pedregosos y una notable amplitud térmica, se crean las condiciones ideales para la concentración de compuestos que definen el carácter del vino. La sommelier Noelia Giampietri destaca que estas características ayudan a generar una acidez natural y a moldear el perfil del vino.
Desde la llegada de Lucas Quiroga en 2003 a esta localidad, el desarrollo de la viticultura ha sido significativo. Como enólogo en Bodega Malma, ha aprendido a aprovechar el entorno para potenciar las cualidades de las uvas, beneficiándose de un clima que permite minimizar enfermedades en las plantas. Entre las bodegas que han contribuido a esta identidad, la Bodega del Fin del Mundo se destaca como la mayor de la Patagonia, con más de 850 hectáreas de viñedos.