En los últimos meses, el uso de las tarjetas de crédito ha disminuido un 15%, afectado por límites bancarios más restrictivos y la preocupación de los usuarios por no poder afrontar los pagos. Este descenso se enmarca en un contexto económico donde, a pesar de que el Banco Central ha superado los 48.000 millones de dólares en reservas y se proyecta una inflación del 2% para mayo, la economía real no muestra signos de reactivación.
El periodista especializado en economía Pablo Wende analizó esta situación en su columna, destacando la paradoja entre el optimismo del equipo económico y la caída de los ingresos reales de la población. A pesar de un aumento en la recaudación por el Impuesto a las Ganancias, los impuestos al consumo han sufrido caídas significativas, como el IVA-DGI que bajó más del 3,5% interanual.
La parálisis del mercado interno se evidencia en la baja del financiamiento cotidiano, donde la venta de automóviles ha retrocedido un 32% respecto al año 2017, considerado el pico de consumo en quince años. Otros sectores también han reportado caídas, como el crédito al consumo y supermercados, que disminuyeron un 17%, y la masa salarial que ha perdido un 10% en términos reales.