Un equipo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) está llevando a cabo un innovador proyecto que utiliza residuos vitivinícolas para crear sistemas aislantes térmicos y acústicos. Esta iniciativa busca contribuir a la sostenibilidad urbana, disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero y apoyando la transición energética.
El proceso, conocido como biofabricación, aprovecha desechos de una bodega en Mendoza y se enfoca en desarrollar materiales que presentan una menor huella de carbono y requieren menos energía para su producción en comparación con los aislantes tradicionales como el poliestireno expandido y la lana de vidrio, que generan una considerable contaminación ambiental.
La investigadora Ayelén Villalba, del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE, CONICET), destacó que los nuevos biomateriales son elaborados a partir del cultivo de micelio sobre biomasa de desechos de la industria vitivinícola. Estos materiales han sido probados en laboratorio, mostrando buenos resultados en cuanto a aislamiento térmico y absorción acústica.
A pesar de ser orgánicos y biodegradables, se están evaluando las propiedades físicas, químicas y mecánicas de estos nuevos productos para asegurar su durabilidad y eficacia en aplicaciones prácticas.