El debate sobre la energía en Latinoamérica a menudo reduce la competitividad a la cantidad de petróleo disponible. Sin embargo, la calidad del crudo es un factor determinante para el valor económico y la proyección estratégica de un país. En este contexto, la comparación entre Vaca Muerta en Argentina y el petróleo venezolano, especialmente el de la Faja del Orinoco, resulta significativa.
El crudo de Vaca Muerta es considerado ligero y dulce, con gravedades API que oscilan entre 39 y 42 grados y un contenido de azufre inferior al 0,5%. Estas características permiten una refinación más eficiente y acorde con las normativas ambientales actuales, lo que lo hace altamente atractivo para las refinerías modernas, maximizando el rendimiento de productos refinados de alta calidad.
Por el contrario, gran parte del petróleo venezolano está compuesto por crudos pesados y extra-pesados, con gravedades API que varían entre 10 y 22 grados. Estos crudos son densos, viscosos y presentan altos niveles de azufre, lo que complica su proceso de refinación. Esto implica mayores inversiones y costos operativos, lo que afecta su competitividad en el mercado.
En términos de precios, los crudos ligeros y dulces, como los de Vaca Muerta, suelen tener un valor superior debido a su capacidad para generar un mayor volumen de productos refinados valiosos, mientras que los crudos pesados se comercializan a precios más bajos por los costos adicionales que requieren para cumplir con los estándares internacionales.