La reciente captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses marca un momento significativo para quienes han padecido represión y crisis en Venezuela. Este hecho fue confirmado por el ex presidente Donald Trump, quien anunció que Maduro y su esposa enfrentan cargos por narcotráfico en Estados Unidos.
El régimen de Maduro ha sido señalado por establecer un estado policial con una economía en colapso, donde la cifra de presos políticos supera los cientos. Organizaciones de derechos humanos han documentado múltiples casos de tortura y detenciones arbitrarias, convirtiendo lugares como la Bolsa del Helicoide en símbolos de su dictadura.
A pesar de la evidente represión, muchos defensores del régimen, incluidos sectores de la izquierda latinoamericana, han optado por el silencio o la desculpabilización de estos crímenes, aduciendo argumentos como el bloqueo o la disputa imperialista. Esta hipocresía ideológica contrasta con su oposición a las dictaduras militares del pasado, revelando un doble estándar en su análisis de la realidad actual.