Durante una reciente entrevista, el presidente estadounidense Donald Trump ofreció una perspectiva sobre el ejercicio del poder en la Casa Blanca, generando debate en torno a su doctrina de gobierno. En sus declaraciones, fue contundente al afirmar que "su propia mente" es el único límite a su gestión, lo que ha causado preocupación entre analistas sobre la intromisión de Estados Unidos en asuntos internacionales como Venezuela.
Trump también se pronunció sobre el derecho internacional, sugiriendo que no representa una obligación ineludible para Washington. Aclaró que no considera necesaria esta normativa para guiar sus acciones, aunque enfatizó que su intención no es "hacer daño a la gente". Sin embargo, su postura relativiza la validez de los consensos diplomáticos, poniendo en duda el respeto a las leyes globales.
Expertos en política internacional advierten que estas declaraciones refuerzan una visión en la que los tratados y convenciones quedan subordinados a la fuerza nacional. La capacidad de imposición de Estados Unidos podría ser vista como el factor determinante en conflictos de intereses, en lugar del arbitraje internacional. A pesar de su visión expansiva del poder ejecutivo, Trump reconoció obstáculos en la aplicación de represalias y en el despliegue de la Guardia Nacional en ciudades con gobiernos locales opositores.