El mercado energético internacional ha reaccionado de manera estable ante la reciente captura de Nicolás Maduro, sin generar un impacto significativo en los precios del petróleo. El barril de Brent se ha mantenido alrededor de los USD 60, lo que indica la escasa influencia de Venezuela en la oferta global actual.
La situación en Venezuela no se debe a una falta de reservas, sino a problemas institucionales profundos. A pesar de los intentos de Estados Unidos de reestructurar el panorama geopolítico, la recuperación de la producción petrolera venezolana enfrenta desafíos considerables. La producción proviene mayormente de la Faja del Orinoco, caracterizada por crudos extra-pesados y alto contenido de azufre, lo que la hace costosa de producir y transportar.
Para restaurar los niveles de producción de los años noventa, se estiman necesarios entre USD 80.000 y 100.000 millones de inversión en un plazo de 10 a 15 años. Sin un marco regulatorio claro y atractivo para los inversores, es poco probable que empresas como Chevron o Exxon se arriesguen a invertir en el país.